13/3/12

La voluntad y la Razón


Carta enviada por Silvia Jacobi a las autoridades del Centro de Estudios Psiquiátricos –CEPSA- (OSECAC), sito en San Martín 1028, Avellaneda, Provincia de Buenos Aires.

La denuncia de los hechos narrados fue presentada frente a la Superintendencia de Salud y el INADI.


Recuerdo un fragmento de Víctor Hugo, que un fantasma me envió, que argumentaba que es bueno contar con algún enemigo para no sentirnos tan seguros.

Es difícil desprenderse de un pensamiento que se eleve más allá de lo personal para dar cuenta de la experiencia de la verdad. La confidencia personal desalienta a los lectores adictos a leer lo real con la creencia de que la ficción es el salvavidas de lo imposible. Quedan fuera de esta norma las experiencias del Dalai Lama o del criminal político o psiquiátrico del momento por ejemplo, que siempre brindan la posibilidad de fumar bajo el agua.

No sé muy bien cuando comenzaron los embrollos existenciales y/o psicopatológicos con los que alguien puede catalogarme como demente muy ligeramente y sin ninguna argumentación estrictamente judicial, fechada y firmada. Si fui declarada insana judicialmente acorde a las normativas que valen, no consta.

Perdón, cuando me refería a que no sabía muy bien cuando comenzaron los embrollos no me refería a mi persona, se entiende…

Bueno la intriga ya está fundada. Se preguntará quién esto lee a que circunstancias me refiero. El 16 de junio del año 2011 padecí, de acuerdo a la terminología que refieren los profesionales que me atendieron, de una descompensación psicótica, con rasgos manipuladores, impulsividad y consumo de sustancias psicoactivas.

No vale la pena demasiado aclarar que venía consumiendo cocaína los últimos siete meses y no años. Lo cierto es que más allá del tiempo y los prejuicios que el común de la gente o inclusive un médico como portavoz con cierta autoridad científica, racional y/o moral pueda tener respecto de dicho consumo, para el intensísimo dolor que padecía en ese momento las drogas eran una especie de paliativo.

Yo no desconocía la utilidad nociva de las sustancias psicoactivas de la que estaba haciendo uso, pero mis ideaciones “autolíticas” tenían su límite. Con la cordura que conservaba más allá del dolor que sentía, decidí internarme.

Mi familia y amistades fueron “continentes” y no “disfuncionales” como se cita en mi historia clínica en un primer término y contradictoriamente en la respuesta que la institución donde estuve internada envía a mi obra social.

Mi entorno familiar, profesional y de amigos me apoyaron enormemente y les estoy muy agradecida. Concurrían a la clínica para interiorizarse de mi estado independientemente de no poder verme por no ser día de visita y no se conformaban con algún llamado telefónico o verme los días estipulados como quién cumplió y ya está, delegando la preocupación y la responsabilidad en su totalidad en aquellos que dentro de la institución donde me encontraba eran responsables de ayudarme con un tratamiento médico y humanitario adecuado.

Creo que un buen profesional no es un tecnócrata o una especie de termómetro medicamentoso o un simple observador, sino que es capaz de tener un comportamiento donde su paciente debe no solo “ser supervisado espontáneamente y dos veces por día a través de un sistema de observación directa y permanente” como figura en la fotocopia del libro de guardia del sábado 18 de junio, “sin novedad”; porque dicha supervisación no tiene correlato con la desatención y falta de comunicación absoluta a la que fui sometida en “un cuarto de contención” como consta si en mi historia clínica desde el viernes 17 hasta el domingo 19 del mes referido.

Lo que cuento si son “datos exactos” pues tienen su fundamento en documentos textuales que los profesionales que me atendieron se encargaron de escribir en detalle en el libro de guardia, en su respuesta a la obra social que pago mensualmente y la respuesta de esta última a la requisitoria de la Superintendencia de Salud. Obra “social” en quién confío la recaudación de parte de mi salario en pos de la calidad de atención médica a la que están comprometidos y no vale ahora se amparen en mi libre albedrío de no elegirlos pues en pretérito lo que refiero ocurrió y no testificado por mi sino por lo expuesto y no realizaron la más mínima auditoría medica de mi internación pese a haber cobrado por anticipado.

¡Pero qué desorden narrativo!

Igual confío en que el lector sigue ahí y va tejiendo los hilos de algunas conclusiones.

Decidí internarme voluntariamente el 16 de junio del 2011. No existió intervención judicial mediante que me declare “demente judicialmente”, ni dictamen de ninguna especie que sea del orden de lo afectivo o profesional que me obligue a ello. Sí consenso con aquellas personas cercanas a mí y a la situación por la que atravesaba: familia, amistades, profesionales dentro del área de la salud.

Era plenamente consciente que me superaba el dolor que sentía y la adicción a las drogas empeoraba mi situación. Pese a mis ideaciones “autolíticas” podía razonar como para optar por la vida. Mi deseo de vivir, mi integridad como persona que es amada y respetada y el deseo de corresponder de igual manera, con amor y el consecuente respeto.

Soy plenamente consciente que hay quienes prefieren el salvavidas de plomo de la injuria y la mentira a las disculpas. Espero que si no pueden disculparse porque ello implicaría consecuencias indeseadas al menos reflexionen sobre su proceder. No espero otra respuesta que la reflexión sobre lo ocurrido.

Lamento que los profesionales que me atendieron sin respaldo jurídico médico pertinente argumenten mi demencia, hecho que considero injurioso frente a todo lo expuesto y a lo que ellos saben para de modo igualmente patético negar toda razón a mis reclamos de su accionar poco humanitario y consecuentemente poco profesional victimizándose de la “vicisitudes por las que han tenido que pasar tanto el personal de la institución, como su Director Médico” para mi tratamiento.

Para el lector que no esté al tanto de los hechos o de su memoria frente a una dolencia física y mi reclamo de atención nadie me asistió. No ingresé a dicha clínica con otro tipo de agresión que no fuese sobre mi persona y por dicho temor hacia mi decidí confiar en otras personas para mi cuidado.

No reaccioné sino con enojo ante la desatención de mi dolor físico el viernes 17, al que por respuesta solicité en pleno derecho se llame a mi familia y externarme.

Me encerraron en un cuarto de contención dopada junto a mi vómito y empapada en mi orín por no poder levantarme del colchón en el piso donde estaba.

Ningún profesional habló conmigo ni examinó mi estado y si lo hizo tal cual consta en la fotocopia de la guardia del día 18 fue a través del cuadrado de 20 x 40 cm aproximadamente en la puerta metálica de dicho cuarto que ustedes consideran “sistema de observación directa y permanente”.

Nadie notificó a mi familia y cuando ellos estuvieron al tanto de lo acaecido también se enojaron de modo que pasaron de ser continentes a disfuncionales. Espero mis palabras los pongan al tanto que no soy yo su enemiga sino que he pasado por dicha institución en un momento crítico de mi vida y sabrán de ustedes con quién estoy agradecida y quienes tienen que hacer el recuento de los fantasmas de su accionar.



Silvia Jacobi


9 comentarios:

  1. Espero que estés mejor, Silvia.Es impresionante lo que contás.O quizás me impresiona xq no tengo contacto con esta área de la salud. No me extraña lo que contás, hay tanta ignorancia y, x ende, tanto prejuicio!

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    1. silvia jacobi15/3/12 23:23

      Hola Puck. Escribi un mail anterior pero no sé si llegó. Decía que si te impresionó mi carta más shockeado quedarías de leer la carta de CEPSA y el modo en que OSECAC se desentiende y la Superintendencia procura hacer lo mismo. No sé si la ignorancia justifica la hijaputez, tendría que ser muy aristotélica. Estoy mejor.Por suerte para la solidaridad y el afecto no hay áreas. U abrazo

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  2. Anónimo14/3/12 1:06

    Muy interesante compartir la experiencia (sobre todo mediante una escritura tan atinada!)

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    1. silvia jacobi15/3/12 23:32

      Gracias por el elogio a la escritura y a tu solidaridad en leer y respoder a lo que escribí.Saludos

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  3. muy lamentable todo lo ocurrido. mi solidaridad.
    supuestamente la ley nacional de salud mental 26657 establece que se controle al sector privado, algo que evidentemente no funciona.
    hay que denunciar, difundir y seguir exigiendo el cumplimiento de las leyes a los funcionarios.
    saludos sentidos.
    Mariano

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    1. Silvia Jacobi15/3/12 23:52

      Hola Mariano.Dificil lo de exigir a los funcionarios que cumplan con sus compromisos cuando carecen de ética. Ahora la Superintendencia procura desentenderse de sus obligaciones de regular los prestadores de las obras sociales.En esto va la cosa por ahora.Si tiene el poder juridico de admitirlas que tambien las excluya.
      Me llega mucho tus "saludos sentidos". Gracias por el afecto.

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  4. hola no se si leeras esto silvia pero necesito urgente informacion mi sobrina esta siendo llevada en estos momentos a Avellaneda porque inte3nto quitarse la vida y la internaran alli en cepsa Avellaneda me preocupa sobremanera lo que decis mi mail es normacabj@yahoo.com.ar muchisimas gracias

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  5. YO ESTUVE INTERNADO Y ESTOY MUY AGRADECIDO CON LOS PROFESIONALES Y SU INSTITUCION, NADIE ANDA DOPADO NI MALTRATADO...YO TAMBIEN DEFIENDO MIS DERECHOS Y EL DE TODOS MIS COMPAÑEROS EN SU MOMENTO..BASTA DE MENTIRAS E INJURIAS POR DINERO

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  6. Buenas, Silvia necesitaría ponerme en contacto con vos, si podés pasarme un mail o referencia de contacto, saludos y espero te encuentres muy bien.

    Marcelo Ricardo Hawrylciw
    Editor General del Multimedios El Sindical
    www.elsindical.com.ar

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