5/5/12

¿Dónde está mi nombre?


Búsqueda, redención, encuentro y Pachamama.

A modo de grito un fiscal chileno, integrante de LTF, comparte con nosotros la siguiente reflexión:

Se perdió el nombre del hombre y mujer y en su reemplazo encontraremos números, estadísticas, porcentajes, cálculos, comunicados, explicaciones, estándares… ¿Dónde está mi nombre y mi apellido, mi memoria, mi barrio, mi gente en las proyecciones del FMI, del Banco Mundial, del BCUE, de Bruselas, de Wall Street?

Parece ser que es una pregunta que debiésemos hacernos todos y cada uno para reflotar la realidad real; poco o nada me aporta o me sirve un PIB del 1000%, o una tasa comercial de iguales éxitos si mi madre no tiene acceso a un dentista o mi vecino no puede paliar el dolor del cáncer que lo consume… o si sus hijos reciben una educación tan mediocre que les impide romper el cerco del entramado neoliberal que los relega al último vagón de este tren putrefacto… o si no tienen plazas de juego para jugar como niños que son.

A diario, subliminalmente, nos invitan a ser parte, a no cuestionar el ser y a convertir en un deber ser el participar del modelo. ¡Y cómo no!, ¡Cómo oponerse  a algo tan evidentemente correcto! ¡Cómo no! Si ellos han sido quienes han salido vencedores.

Del camino crítico debiésemos salir. Somos simplemente dinosaurios amargados por pura ideología. Nuestra Némesis es tan amigable que nos permite abdicar de nuestro absurdo y adherir a su éxito. Entonces, ¿Por qué tanto quejumbroso en vez de exigir de otros –especialmente del Estado y de los poderosos- no se anima a emprender, a crear, a producir bienes y servicios?



Sobre todo si ya don capital mostró su fuerza al hacer caer el muro de Berlín y poner de rodillas a la URSS. Si ya don capital mostró ser mejor que el Estado de Bienestar llamado Welfare o New Deal, según la orilla del mar desde donde se mire.

Y ello no es gratis; es deber del vencedor humillar al vencido y someterlo… El vencedor impone sus términos y el vencido los obedece: es una regla…. Y he ahí que hoy en Grecia uno de cada cinco estén bajo la línea de la pobreza, que en España uno de cada cuatro no pueda trabajar y que uno de cada tres no sea capaz de solventar sus mínimas necesidades; he ahí que Italia, Portugal y en breve Francia -y quién sabe cuántos pueblos más- deban prontamente pagar el tributo ex-post de haberse atrevido en algún momento a desafiar los mandatos ideológicos de un poder tan incontestable –que antes pululó entre otras concepciones, pero que hoy no reconoce fronteras- que han convertido al mundo actual en un mero cálculo económico y que presionan a abandonar cualquier viso de humanidad de la arena cotidiana.

Pero, ¿Dónde está mi nombre y mi apellido, mi memoria, mi barrio, mi gente?

Es normal y querible que las personas emprendan y progresen. Es normal que los Estados desposeídos –como son los nuestros, los Latinoamericanos- entreguen sus aguas, sus fuentes de energía, sus minerales, sus bienes y servicios a privados que son más capaces y más eficientes para administrarlos y generar riquezas. Ello a nadie escandaliza; pero no es normal que un pueblo tome consciencia de su riqueza natural y actúe para retenerla o recuperarla. Ello sí escandaliza.

Escandaliza que Argentina quiera ser dueña de su propia producción de hidrocarburos, pero no que éstos hayan sido vendidos antes al mejor postor en desmedro de sus propios dueños: el pueblo argentino.

Escandalizó en su momento que el presidente Frei chilenizara el cobre en Chile y que luego, Allende, lo nacionalizara. Aquello nos costó un golpe de Estado y una dictadura brutal, genocida y torturadora de dos décadas… mientras, nunca provocó escándalo la vulgar intervención de la CIA en el país, ni la acumulación de productos de primera necesidad por parte de los poderosos en desmedro de los más urgidos.

Escandaliza Chávez con su discurso confrontacional; escandaliza Morales con su expropiación de una empresa eléctrica española… escandaliza en Chile que los estudiantes se enfrenten al poder conservador y reaccionario.



No escandaliza que las empresas multinacionales abusen de nuestras legislaciones febles  y acomodaticias –hechas en la mayor parte de los casos a medida- y que estén exentas o cuasi-exentas de tributos, que desangren a Latinoamérica hoy en día tal como lo venían haciendo sus antecesores –de otras layas- desde que el colonialismo intentó –o, derechamente lo hizo- erradicar a los hijos de la tierra que sometía para convertirlos o en súbditos, o en esclavos o en mercenarios.

Ya Galeano nos abrió los ojos con sus “Venas abiertas…”  ¿Cuánta más evidencia necesitamos?

Han pasado 500 años y poco ha cambiado. La alternativa es: o adherimos a esta forma de desangramiento que vampirísticamente nos vacía o tomamos el toro por las astas y nos decidimos a SER.

No somos estadounidenses, no somos europeos, no somos neoliberales, no somos esclavos ni súbditos; somos gente de la tierra, de la Pachamama, de la selva, del desierto, de la Patagonia. Desconozco el vínculo que pueda haber entre un Cherokee, un Garífuna, un Guaraní, un Mapuche o un Inca, pero sí estoy seguro que nuestros pasados, presentes y –ciertamente- futuros nada tienen que ver con esa “agenda oficial” de occidente que han tratado, tratan y tratarán de imponernos.

Probablemente no tengamos en nuestras tierras las respuestas o las soluciones a los conflictos de la modernidad, pero, al menos, tenemos el derecho a construir nuestro propio camino, a equivocarnos y a enmendar la ruta al interior de nuestras culturas, con nuestras formas, valijas y atavismos.

¿Dónde está mi nombre y mi apellido, mi memoria, mi barrio, mi gente?

Aquí mismo. En mi casa, en mi calle, en mis amigos y amigas, en mis parientes, en mis contactos, en mis  horas que son valiosas… Tan valiosas que son lo único que tengo, mi realidad, mi vida… y en la vida de otros seis mil millones de humanos más importantes, al fin y al cabo, más y mejores que cuanto tienen, cuanto producen o cuanto significan para los números que mezquinamente cuenta el capital.

Latinoamérica no es un territorio para los negocios de los poderosos, sino una tierra para el encuentro de los desposeídos, para los sueños reales, para el presente y el futuro.

Ya no tengo miedo ni vergüenza –de hecho, nunca los tuve-; hoy sé que nuestra cultura de la paz le lleva una ventaja incomparable a aquella beligerante que pretenden inocularnos.

Ivan Vidal Tamayo


4 comentarios:

  1. silvia jacobi6/5/12 12:02

    Hola Ivan. Anoche leí tu reflexión y tengo que releerla otra vez y otra vez y seguir pensando y pensando y pensando .Aún así no voy a llegar a encontrar las palabras adecuadas para elaborar una respuesta para lo que decís. Solo te puedo agradecer que tus palabras translucen en toda su proyección retrospectiva pasada, presente y futura de caracter histórico, cultural, social, historico, económico y humano la posibilidad de movilizar mi pensamieno y no comulgar con el silencio, con la simple aceptación de "verdades discursivas" y con el anonimato. Gracias y cariños .Silvia.

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  2. Tus argumentos me parecen pura retorica idealista y desfazada de la mas concreta realidad.
    Lo único que tenemos hacer nosotros (hablo como argentino), es seguir las reglas de juego lo mejor posible como lo hacen exitosamente países como Chile, Uruguay, Peru o Brasil.
    Estas reglas de juego no son impartidas por un Estado particular sino que emanan de la interacción de los actores internacionales e intrinseca a su propia naturaleza. Retoricas alocadas como la tuya no van a cambiar la forma y la propia naturaleza de la raza humana por mas que no les guste.
    Por lo pronto yo soy Argentino y me gusta tener valores occidentales en desmedro de otras culturas menos apegadas a la racionalidad.
    Y por ultimo, la causa del entreguismo característico de las sociedades latinoamericanas, no es un problema externo sino mas bien interno (propio de nuestra forma de ser y pensar). Si esto no fuera así, países Asiáticos como Corea del Sur nunca podrían haber tenido éxito uniéndose a la economía capitalista siendo tan subdesarrollados como nosotros.

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    1. silvia jacobi8/5/12 22:54

      Hola Nick. Tus argumentos me generan incertidumbre sobre algunos conceptos que no puedo definir. Me podés aclarar ¿cuál es la más concreta realidad?.¿Cuál es la naturaleza de la raza humana?.¿Qué es ser argentino?. ¿Cuales son los valores occidentales que valoras?.¿Cuales son las culturas que no son racionales? y por último ¿Qué es ser racional?
      Gracias. Saludos.

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