19/5/12

Encerrada


Una militante. Un sueño ficcional. Una conversión. El discurso metafórico de lo político. La realidad puesta en crisis. Interpretación infinita. Desde LTF se agradecen enormemente intervenciones como esta. Multiplicar. De eso se trata...


Tengo la idea (acertada o no) que todos tenemos sueños recurrentes. El mío siempre fue “la ola gigante”, o lo que deviene de un tsunami.

Nunca lo llevé a terapia, tal vez deba hacerlo.

Ayer, sin embargo, soñé otra cosa. Algo diferente, o no tanto. Soñé que estaba presa.

Sé que uno cuenta los sueños como los recuerda, y que como no recuerda muchas cosas, agrega otras, por lo tanto, lo que escriba desde aquí en adelante será un relato a partir de mi sueño, y no mi sueño en sí –seguramente debido al estado (¿casi?) inconsciente en el que nos encontramos mientras dormimos.

Juro por…no, por nada… pero juro que puedo sentir los olores aún.

Los conozco, pero anoche eran más fuertes. Esos olores grises.

Yo estaba sola, en una celda, que era parte de un pabellón, que era parte de una cárcel, donde no había nadie. Ni siquiera guardias.

Era muy raro. No había hacinamiento, no había represión visible, pero sin embargo estaba encerrada.

Se sentía la humedad del ambiente, los olores –insisto con esto- me envolvían, y me repugnaban bastante. Mi sueño fue solo esa imagen.         

Yo estaba inmóvil, sentada, pensando, no sé en qué. Sola. No tenía un libro, no tenía comida, en ningún momento fui al baño. Estaba sentada en una cama sobre una frazada que si bien no tenía contacto directo con mi cuerpo, estoy segura que me causaba picazón, o al menos algún tipo de molestia.



Hacía frío, yo lo sentía, pero no me quejaba (¿ante quién?). No sé qué ropa llevaba puesta, pero estaba vestida. Pero igual tenía frío. Cada tanto me agarraba la cabeza con las dos manos, en un gesto de desesperación. Y seguía sola. Nada cambiaba, nada se movía, ni siquiera yo.

Había una ventana con rejas en la parte superior de esta celda que parecía tener muchísimos metros de altura. Seguramente si lograba asomarme de alguna forma vería la luna, las estrellas, el paisaje alrededor. Aunque seguramente era una noche nublada.

Más allá de todo eso, lo que más me impactó, fue una intensa sensación de INCERTIDUMBRE. No ver el final de esta situación, haberme convertido en una imagen, en algo inmóvil.  Profundo temor, si estamos inmóviles, estamos muertos.

Esa incertidumbre permeable sólo por la soledad, me hacía perder algunos sentidos, los innecesarios para esa situación.

Ya no importaba que siguiera viendo porque no había nada, pero sobre todo nadie para ver. Sin embargo los olores –otra vez- se esparcieron a lo largo de todo el proceso, proporcionalmente a la desaparición de la vista. No más.

Yo lo entiendo. Me interpela, como me interpeló aquella escena casi final de El Secreto de sus Ojos. "Al menos digale que me hable". Cada vez que comento esa película con alguien, recuerdo esa línea y comprendo que no a todos les generó lo que a mí. Sudor en mis manos y calor asfixiante principalmente en mi cabeza y en mi cara.

Eso me provoca el silenciio. No es fácil soportarlo. No es fácil escucharlo, y entregarlo tampoco.

Si bien yo me encontraba en una celda, estoy segura que este sueño vino a decirme que se puede estar preso de muchas maneras, de muchas cosas, en muchos lugares, de muchas ideas, y de muchas personas.

Yo creía que cuando uno recuerda sus sueños es porque no descansó bien, pero alguien me dijo que no. Aparentemente, cuando los recordamos es porque "se logró levantar la barrera represiva del inconsciente que suele dejarlos en el olvido".

Creo que eso me ocurrió anoche. Por suerte desperté.
F.P.L (Evey)




5 comentarios:

  1. Anónimo19/5/12 2:00

    Más que acertada elección musical...

    ResponderEliminar
  2. Como dije al recibir la versión Beta, veo poca ficción en el relato, todo tiene un vínculo innegable a este indefinible tramado que llamamos realidad. Son las fichas de un tablero desordenado, los imanes desparramados en una heladera, pero está todo ahí. Claro, cuento con la ventaja de reconocer el behind the scene, el contexto del relato.

    De todas las maneras de estar preso, desearía nunca ser mi propia celda.
    Qué desesperante la imagen de alguien inanimado sentado en una celda sombría, gélida. Qué suerte que eso no pasa en el mundo real...

    ResponderEliminar
  3. Los imanes y piezas desordenadas son mis miedos, mis goces, mis incertidumbres.

    Y no creas que no pasa en el mundo real (tal vez quisiste ser irónico - este sonido virtual no me permite comprenderlo-) Hasta el más intenso de los movimientos puede "padecer" inmovilidad.

    Gracias por el comentario!

    ResponderEliminar
  4. "Al menos digale que me hable" ... a mi esa frase me pegó muy fuerte también, es muy intensa la escena y bien lograda. A que tortura es sometido el personaje, mas allá del encierro, al ser ignorado de tal forma.

    ResponderEliminar
  5. Flor, no quise serlo, fui. Quizás deba retomar el (?) al final de las oraciones para señalizar las ironías.

    ResponderEliminar