11/7/12

En contra de la cárcel, desde adentro de la cárcel

Experiencia única en el marco del 1° Congreso de Salud Mental, Cárceles y Drogas, co-organizado por el Espacio Locos, Tumberos y Faloperos (LTF) y el Centro de Estudiantes de la U.31. de Florencio Varela



A veces no es suficiente decir lo que se piensa. A veces también importa el lugar exacto que se elige para hacerlo. Las palabras valen el doble, si decirlas supone riesgos y la dignidad es lo que está en juego. Hablar en contra de la cárcel y el sistema penal adentro de un establecimiento penitenciario no es para nada fácil.

Los presos del centro de estudiantes de la U.31 y los integrantes del Espacio LTF, demostraron valentía, haciendo efectivamente lo que venían anunciando hace varias semanas: “decirle al sistema, en su propia cara, lo inmunda que resulta su existencia”. Orgullosos del trabajo que vienen haciendo juntos desde hace más de tres meses, el 1° Congreso de Salud Mental, Cárceles y Drogas, titulado “La implementación de políticas sociales sustitutivas del encierro, como alternativa materialmente posible”, fue la mejor carta de presentación para ambos colectivos.


Durante más de seis horas y en una jornada que seguramente va a ser recordada durante mucho tiempo, dos paneles de especialistas, focalizaron su recorrido en cuestionar en forma radical diferentes variantes de encierro. Convencidos del denominador común que atraviesa a las llamadas instituciones totales -además de la cárcel- también hubo lugar para combatir el manicomio, la comunidad terapéutica y hasta los geriátricos.

La apertura del Congreso estuvo a cargo del Presidente del Centro de Estudiantes, Gerardo Carrizo. “Estamos cansados de palabras. Queremos que las palabras se transformen en hechos”, afirmó contundente, incitando a sus propios compañeros a mirar un poco más allá de sus realidades individuales, atreviéndose a cuestionar estructuralmente el sistema penal que día a día, con el pretexto de “reinsertarlos socialmente” no hace más que poner trabas en sus desarrollos personales y colectivos. “No venimos a decir que somos inocentes. Somos realistas, pero si de algo estoy seguro es que este no es el camino ideal para solucionar ninguna problemática.”, completó conmocionado, orgulloso de su rol de líder y “cara visible” del espacio que preside.


Acto seguido tomó la palabra Maximiliano Postay. En su calidad de Coordinador General de LTF, el abogado abolicionista recibió a los presentes afirmando estar “especialmente orgulloso”.  “Ustedes no vinieron engañados. Vinieron a un congreso abolicionista, organizado por abolicionistas”, destacó con entusiasmo; y a su vez agregó: “vivir sin encierro no es una utopía, es materialmente posible. Tenemos que seguir el ejemplo de la ley nacional de salud mental, que plantea la prohibición de construir nuevos manicomios en la Argentina. Ojalá alguna vez logremos que desde el poder político baje la orden de tampoco construir nuevas cárceles”.

Luis Mocchi Chávez, estudiante de derecho, preso hace varios años, haciendo las veces de maestro de ceremonia, presentó uno por uno a los integrante del primer panel convocado. Leonardo Gorbacz, ex diputado nacional y autor de la ley nacional de salud mental N° 26.657, como primer expositor, destacó la mirada transversal planteada por LTF, desarrolló el proceso de transformación cultural que supone el cambio de paradigma propuesto por la norma por él diseñada, afirmando que “la sanción de la ley es apenas un paso” y que la militancia desmanicomliazadora debe multiplicar sus esfuerzos, y no conformarse con lo hasta ahora conseguido.



En segundo lugar tomó la palabra Alberto Calabrese. El prestigioso sociólogo fue contundente. Sus palabras giraron en todo momento a repudiar el paradigma prohibicionista de “guerra contra las drogas” impulsado por los Estados Unidos, hace apenas algunas décadas. También tuvo lugar para referirse a la discusión política actual en torno a la despenalización del consumo y la tenencia de estupefacientes. A propósito de ello afirmó: “Acompañamos la iniciativa de la despenalización, pero consideramos que eso es apenas un paso. La problemática de fondo recién ha de solucionarse cuando las drogas sean legalizadas”.

Finalmente Santiago Gómez, psicoanalista y periodista de la Revista Hamartia, realizó un interesante recorrido histórico del rol del “poder médico” en el aparato represivo. Con citas de Foucault, Zaffaroni y el “poeta tumbero” Camilo Blajaquis, provocó a los asistentes,  ridiculizando el rol de la mayoría de los psicólogos en el seno de las instituciones de encierro.



Luego de ello, lo más interesante. Durante casi una hora se debatió en forma ininterrumpida. Penitenciarios, abogados, ex internos de salud mental, presos de diferentes unidades del conurbano bonaerense y estudiantes no universitarios también privados de su libertad, no se callaron nada. Tensión e intercambio respetuoso (pero muy apasionado) caracterizaron cada una de las intervenciones de los asistentes al evento.

Durante unos minutos, hubo tiempo para la recreación y las relaciones públicas. Aprovechando la excelente organización realizada por los presos del pabellón de estudiantes universitarios, los invitados gozaron de una recepción que sorprendió a varios. Uno de los que más destacó la atención brindada fue el propio Gorbacz. El ex diputado, acostumbrado a ser agasajado en múltiples eventos en diferentes puntos del país afirmó que la calidad de la organización y el buen trato proporcionado por los “dueños de casa” lo harían multiplicar su nivel de exigencia, a la hora de participar en nuevas jornadas, incluso en el medio abierto.



A las 15 hs., el segundo panel generaría las máximas emociones. Hablar de cárceles específicamente motivó la participación de cada uno de los presos presentes. Su voz pudo escucharse más que nunca. Las intervenciones de los miembros de LTF Sebastián Cabezas y el citado Postay y la ponencia de Florencia Pérez Lalli en representación de GESEC, fueron la excusa perfecta para horizontalizar el intercambio. 

El primero en exponer fue Cabezas. Para él la verdadera violencia no la generan los delitos, como conductas individuales sino las propias estructuras institucionales, en especial la cárcel; recordando la clásica clasificación de “violencias” formulada hace algunas décadas por el sociólogo noruego Galtung, su conclusión generó potentes repercusiones.



En segundo lugar, Postay se encargó de “hablar de militante a militantes”. Propuso fijar como piso de discusión la oposición radical frente al sistema y en base a eso enunció progresivamente el porqué de su vocación abolicionista y las razones por las cuáles no adhiere a otro tipo de militancias. Durante más de treinta minutos afirmó no conformarse con mejorar condiciones carcelarias o reivindicar derechos individuales, ni tampoco con posturas como el derecho penal mínimo o el garantismo, doctrinas que -para él- suponen una peligrosa puerta de acceso hacia una suerte de “bastión de resistencia” del poder punitivo en su afán inercial de desarrollo. “Al sistema penal no hay que discutirlo con tibieza. En este punto ser abolicionista resulta la opción más atractiva”.

No obstante planteó la necesidad de redefinir táctica y estratégicamente el abolicionismo penal hasta ahora desarrollado, afirmando que “con lo realizado hasta el momento por los autores noruegos y holandeses habitualmente citados (Hulsman, Mathiesen y Christie)” la consolidación del abolicionismo penal como teoría y praxis a considerar seriamente por el poder político, es inviable.



En última instancia Pérez Lalli, destacó el rol de la educación intra muros como mecanismo de superación de adversidades y enfatizó el proceso de “resignificación de militancias” que dentro de la propia institución que integra están viviendo. “Nos dimos cuenta que no es suficiente luchar por un derecho en particular, sino tener una mirada más estructural de la cuestión”. Dicho replanteamiento lo atribuyó en parte a la militancia que en ese sentido viene haciendo desde hace algunos meses el Espacio LTF.

Una hora más tarde, relajados y relegando todo tipo de prejuicios, las voces multiplicaron su fuerza. No quedó casi nadie sin hablar. Lo que empezó siendo un mero intercambio académico, devino voluntariamente en reunión asamblearia. Decenas de personas de múltiples procedencias dándose ánimo, garantizándose apoyos futuros y elogiando la celebración de tan particular Congreso. Desde la Unidad 12 de la Ciudad de La Plata, se propuso la realización de una actividad parecida. También se interesaron desde la U.24 de Florencio Varela.



A eso de las 17:30 hs. cuando el evento llegaba a su fin, una sensación sobrevolaba el ambiente. “Algo” estaba ocurriendo. Y ese “algo” era absolutamente motivador. No hubo conclusiones y las palabras de cierre se limitaron a un mero “gracias”. ¿Cómo concluir algo que apenas empieza? En contra de la cárcel, desde adentro de la cárcel. El abolicionismo volvió para quedarse.
(Nota originalmente publicada durante la segunda quincena del mes de junio por la Agencia Walsh y Todo Provincial)



5/7/12

Salud y Cárceles


Crónica sanitaria en la “ciudad de desamparados y desprotegidos”



El Sida y otras enfermedades constituyen un problema en prisión por el peligro de contagio, sumado a la escasa atención medica los perjuicios, la inoperancia de los empleados médicos y también del servicio penitenciario, sin instrucción adecuada para la tarea que deben desarrollar y  que redundan como parte del encierro y la lejanía de los seres queridos…


Un enfermo relativamente puede agravar su salud por el solo hecho de perder su libertad.  Dentro de las cárceles, la miseria, el hambre, las enfermedades secundarias, la falta de recursos de las instituciones penitenciarias, nos hacen por sobre todas las cosas personas marginadas de la sociedad. No puede seguir ocultándose ni ignorándose la existencia del padecimiento que exigiría un tratamiento sanitario especializado u hospitalario,  desde gripes hasta el VIH /SIDA pasando por enfermedades dermatológicas, pulmonares, meningitis, hepáticas, cerebrales, etc.…

Sin embargo somos testigos directos -por nuestras respectivas necesidades dentro del aparato jurisdiccional – de los oídos sordos de las autoridades a las muertes en condiciones lamentables, de muchas personas cuya condena inicial no era pena corporal (agonía permanente que finalmente adelanta o provoca su muerte).





La herida de muerte que ello causa en el normal desarrollo de la vida extramuros del exconvicto y su familia y sus amigos es indiscutible y  coloca en el medio familiar del enfermo “en vías de resocialización” ¿? un grave problema adicional y su estigmacion posterior.

Familiares y allegados mas cercanos, se ven obligados a insistir por abogados, juzgados etc.… para que les brinden a sus familiares un seguimiento medico asistencial mínimo e indispensable y se les suministre los medicamentos aconsejados en forma previa.

Estos reclamos de familiares y amigos, luego de la salida en libertad del ser querido, se trasladan y multiplican por ante diversos organismos de asistencia social, lo cual magnifica el perjuicio carcelario  a limites indefinidos-.

Finalmente, al peligro de contraer sida de los internos sanos, se agrega un condimento satánico el que esta representado por la posibilidad cierta y probable que los portadores asintomáticos del virus (incluso aquellos no individualizados) en las actuales condiciones de una unidad  carcelaria tipo, contraigan alguna enfermedad que agrave sus condiciones de encierro, temporal o indefinidamente, o tal vez lo lleve a la muerte.

Un preso portador del virus mencionado, procesado en una causa  de largo tiempo de enjuiciamiento o un condenado  de mediano plazo, sin temor a ser alarmistas, debe avizorar una salida de la cárcel sin menoscabo físico, solo como una proeza heroica, una ayuda divina o un toque de fortuna (según sus creencias) . Sin dudas la infrestrutura carcelaria, el bajo presupuesto (y el despilfarro de lo poco que hay) sumado a la pobre contención de salud con que cuentan los presos, conllevan a hacer ese llamado de atención.




Otra vez la familia , un grupo de amigos, una pareja, un grupo laboral o social afectados indirectamente por el caos carcelario actual, al  ser coaccionados a penar por la enfermedad maltratada del ser querido en prisión, haciéndoles padecer una  angustia equiparable solo a la de quien debe padecer la condena a muerte de un ser querido, cuando en realidad esta pena ha sido erradicada definitivamente de nuestro ordenamiento jurídico.

Creemos que urge tomar medidas en materia de prevención y tratamiento especializado de enfermedades. La actual realidad del instituto penitenciario impone pugnar por el inmediato cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de derechos humanos y disponer la inmediata excarcelación de las personas enfermas de VIH/SIDA u otras enfermedades terminales recluidas en las prisiones, sin perjuicio de que sobre las mismas se determinen otras medidas cautelarees cuando ellas fueran necesarias.

Deben formularse programas socio – sanitarios de apoyo a las salidas para estas personas (pisos de acogidas, programas de seguimientos y apoyo psicosocial, programas de información y capacitación para el  cuidado de estos enfermos dirigidos a sus familiares, etc.).

Debemos concientizarnos que ninguna medida es eficiente por sí sola, y que -desde nuestro lugar de presos- debemos aprovechar el tiempo de encarcelamiento para -entre otras cosas- generar la difusión de programas de educación para la salud e higiene en cárceles.



Daniel Apaza (U.31)