10/2/12

Los juegos de la exclusion


A propósito de la polémica en torno a la muerte de Jazmín De Grazia

Como no podía ser de otra manera LTF toma partido frente a la increíble discusión que se está dando alrededor de las polémicas fotos sobre la muerte de Jazmín de Grazia que Crónica publicó ni más ni menos que en su tapa.

En esta oportunidad no hablaremos de cuestiones judiciales, ni de la responsabilidad de la policía ni mucho menos de la libertad de prensa, sus límites éticos y/o morales; sino de la utilización que muchos espacios de poder y/o comunicadores hicieron de esta tragedia para instalar/reinstalar y mostrar como única verdad y alternativa el paradigma de la “tolerancia cero” frente a las drogas.

Es increíble el valor de ciertas palabras. Su resignificación se hace a través de una decisión política originada en fuertes sentimientos religiosos, para luego convertirse en una espada de fuego que divide al mundo entre excluidos e incluidos. 

Cocaína, Marihuana, Heroína dejan de tener una significación alusiva a su etiología como sustancias y/o a sus probables efectos biológicos y devienen en serpientes infernales capaces de captar a los individuos y travestirlos en delincuentes, sátiros, cuasi demonios, cuando no crueles traficantes o aviesos destructores de la humanidad. Hoy le toca a la modelo y periodista Jazmín de Grazia y mañana a cualquiera  de nosotros.

En nombre de vaya a saber uno que particular “puritanismo” –poco creíble por cierto, viniendo de quien viene-  se suele hacer pesca variada y todo pasa a ser parte de una misma bolsa: consumidores mínimos, trafi-adictos, mulas desvencijadas, inmigrantes clandestinos y demás prototipos; sujetos a la explotación, el ninguneo y cuando no la destrucción de un variopinto ejercito de jueces, psiquiatras, policías, docentes, comunicadores sociales, narcotraficantes, opinólogos y un largo etcétera.

Nadie niega las reales necesidades o padecimientos de quienes mínimamente pueden hacerse cargo de ellos mismos. A no confundirse. Una cosa es expresar una necesidad y otra muy distinta, imponerla.

La relación social con las sustancias se ha generalizado. Se extendieron sus usuarios, los tipos de sustancias, la edad de inicio del consumo, su prolongación en el tiempo y la incorporación de cualquier clase social o geografía a su circuito; la procedencia socio-cultural de la joven fallecida así lo corrobora.   

No obstante esto, el efecto generado por lo antedicho no fue el de la aceptación de la problemática desde una mirada social inclusiva, sino la extensión y/o multiplicación de la etiqueta o el estigma.

¿Pero, por qué tanto énfasis frente a un mero objeto –las drogas-? ¿Por qué tanta obsesión, tanto inmediatismo y tanto furor por parte de los  comunicadores favoritos de la opinión publica  enormemente apoyados por los medios en los que trabajan ?

Porque este objeto – las drogas - fue dotado de alma a partir de una decisión política, emparentada a un modelo económico determinado y a una lógica represiva archi funcional a él, tanto como la perspectiva ideológica de los periodistas referenciados.

Las preguntas caen de maduro: ¿Cuándo nos decidiremos a dar vuelta esta tendencia y afrontar con mayor seriedad y amplitud analítica la problemática de las “drogas”? ¿Cuándo dejaremos de ver al “otro adicto” como un “otro” ajeno al “equipo de los buenos” –culpable de pecados imperdonables-?

Es tiempo de diferenciar las necesidades  de la humanidad tomada en su conjunto, de las necesidades especificas de aquellas personas empeñadas en convertir a una parte  de sus congéneres en exclusivos destinatarios de un prejuicio instalado como un artículo de fe: el adicto es un ser diferente y todo lo que lo rodea es malo y repulsivo.

Está en nosotros proponer romper con los vínculos de la imposición construida desde la ignorancia, resignificada como ciencia y articulada como mandato; pues el único mandato que debemos considerar se construye a través de la opción de la libertad -ejercida principalmente por el propio usuario-, respetando diferencias ético-existenciales, y sobre todo luchando contra el oscurantismo que una y otra vez pretende perpetuarse.

El paradigma de la guerra a las drogas y la intolerancia fracasó rotundamente en Argentina y en el Mundo. No permitamos que oportunistas de café, ávidos de puntos de rating y minutos de pantalla y/o políticos desorientados, sin ideas, con intereses inconfesables y harto proclives a demagogias punitivas nos hagan olvidar el eje del camino a recorrer. 



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