10/11/13

Cada vez falta menos...


Contra-Congreso de No Derecho Penal

21 y 22 de noviembre de 2013

Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (pero del lado de afuera, en la plaza al costado de la entrada lateral)

Actividad Horizontal, Abierta, Gratuita y al Aire Libre


CRONOGRAMA

DÍA 1

Jueves 21 de noviembre

16:30 hs.

Presentación a cargo de los organizadores
¿Por qué hacer un contra-congreso? ¿Por qué de “no derecho penal”?

17 hs.

Conversación N° 1

Mujeres y Sistema Penal. Pasado, presente y futuro de una relación atravesada por la lógica del patriarcado.

18:30 hs.

Conversación N° 2

Sistema penal y medios de comunicación. Experiencias, ideas y herramientas para contrarrestar la hegemonía punitiva.

20 hs.

Conversación N° 3

El abolicionismo penal como política pública posible.  Realismo no punitivo e intervención práctica.   

DÍA 2

Viernes 22 de noviembre

17 hs.

Conversación N° 4

Adolescentes, “pibes chorros” y demagogia punitiva. Propuestas de abordaje para más inclusión y menos encierro.

18:30 hs.

Conversación N° 5

Militancia y organización intramuros. Tácticas y estrategias de resistencia frente a la cárcel y el encierro en todas sus variantes

Conversación N° 6

El día después de la cárcel. Hipocresías y contradicciones del Estado. Entre el mito resocializador y la realidad del abandono 

                                                                                                   


DINÁMICA:

Intervenciones poéticas y separadores musicales en vivo a lo largo de toda la jornada

Desaparición total de las jerarquías discursivas.

Académicxs consagradxs, estudiantes universitarios y profesionales del derecho o disciplinas afines ocuparán idéntico lugar que militantes de base o personas que en carne propia hayan padecido alguna de las problemáticas abordadas.

Cada conversación estará coordinada por una persona designada a esos fines, cuya única misión será garantizar la circulación fluida de la palabra.

Cada conversación contará con invitadxs especiales, vinculados a la temática específica que pretenda abordarse.

Los invitados especiales no son “panelistas”. 
Sus intervenciones introductorias deberán ser breves y funcionar como meros disparadores de debates colectivos más amplios. 


6/11/13

ALPEC. Bronca, dolor, asco. Una foto, una oportunidad perdida


Por estas horas la Universidad Nacional de la Matanza asiste a un evento que huele a oportunidad perdida. A puñal. A golpe certero. Una vez más, como tantas otras veces el oscurantismo político preso de “sagradas coyunturas” le gana la pulseada a la verdadera vocación transformadora. La militancia se desvanece. Las convicciones ya no son determinantes. La demagogia destruye las ideas de fondo, las contamina. La demagogia reverencia la pobreza argumental y, sin más, retrocedemos casilleros a velocidades incuantificables.

Tenían absolutamente todo para barajar y dar de nuevo. Tenían consenso. Tenían apoyos. Tenían a los principales referentes latinoamericanos de la criminología y el derecho penal de su lado. Tenían vocación. Tenían voluntad. Tenían logística. Tenían recursos. Ganas de darle al pensamiento crítico de la región una impronta autóctona. Ganas de juntarse, de interactuar. Tenían la mística del pasado que regresa, el antecedente de la “criminología de la liberación”. Tenían futuro. Tenían coherencia. Tenían todo eso, pero ahora sólo tienen una foto con Ricardo Casal.

Estoy con muchísima bronca. Sin ganas de medir mis palabras. Hablo en caliente. No puedo hablar de esto en otros términos. Lo que sucedió hace pocos minutos en el Congreso organizado por ALPEC (Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología) me duele profundamente. No logro entenderlo. O sí. Pero entenderlo duele aún más que la incomprensión absoluta.

A veces soy demasiado ingenuo. A veces realmente creo que hay cuestiones que no se negocian. Y que si escribís/hablás/pensás de una manera, lo mínimo que podemos exigirte es que actúes en idénticos términos.

Son mis amigos. Mis compañeros. Mis referentes. Los siento cercanos, pero lo que hicieron es desastroso. Sumamente desagradable. ¿Por qué carajo se prestaron a compartir ni más ni menos que una apertura de un congreso -con semejante potencial- con un personaje tan nefasto como el actual Ministro de Justicia del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires?

No todo debe mezclarse. No todo debe ensuciarse. No todo da lo mismo. La tolerancia cero, la represión, la mano dura, la exaltación de las políticas punitivas, la complicidad con la tortura y una infinidad de etcéteras que sin duda alguna acompañan -casi por inercia- la figura de Ricardo Casal, no pueden ocupar  los mismos espacios que, por ejemplo, el pensador que popularizó en la Argentina (y en toda la región) la teoría agnóstica del derecho, la criminología cautelar o la selectividad por vulnerabilidad del sistema penal.

¿Acaso se imaginan a Rudolph Giuliani sentado en la misma mesa con Loic Wacquant, a Margaret Thatcher dialogando de igual a igual con Louk Hulsman o Stanley Cohen o a Alessandro Baratta o Massimo Pavarini compartiendo escenarios con Silvio Berlusconi? ¿Y entonces? ¿En qué estaban pensando? ¿Por qué lo permitieron?

Con el Gobierno Nacional hay idas y venidas, contradicciones muy fuertes, pero filtraciones también destacables. Al Gobierno Nacional podremos discutirle infinidad de cosas, pero por lo menos hay cierto margen para el diálogo y la construcción de algún escenario superador en alguna que otra materia específica. Con Casal y cía. esto claramente no es posible.

No hace falta explicitar su currículum vitae o ensayar una mini biografía al estilo wikipedia. Con escuchar a los presos del sistema penitenciario bonaerense (y/o a sus familiares) y que ellos mismos te cuenten que significa Casal es más que suficiente.

Casal no es sólo un nombre. Casal es un concepto. 

No hay que ser un genio para saber que Ricardo Casal no tiene nada que ver con aquellos cuestionamientos que ALPEC pretende (o pretendía) poner sobre la mesa. Basta con escucharlo hablar algunos minutos, con poner su nombre en google, con meterse en la página web de su cartera de gobierno o con simplemente preguntar qué opinan sobre él las organizaciones de base que día a día caminan de punta a punta la Provincia de Buenos Aires. Insisto. No hay que ser un genio. Insisto ¿por qué carajo lo hicieron?

Me hubiera encantado estar discutiendo en este documento, pronunciamiento o carta abierta otras cuestiones también sumamente relevantes. Manifestar mi repudio por la no inclusión del abolicionismo penal como temática de referencia en los diferentes paneles de la actividad. Manifestar mi rechazo por el formato del congreso y por no abrir el juego a otros sectores que por fuera de la academia también tienen mucho para decir. Me hubiera encantado únicamente tener que decirles “tibios”, precisamente por no asumir estos riesgos o enunciar teórica y políticamente las falencias del agnosticismo zaffaroniano.

Me hubiera encantado estar discutiendo ideas. Tácticas y estrategias. Me hubiera gustado no sentir lo que siento. Bronca, dolor, asco. Muchísimo asco. Sí. Eso. Nada más.
Maximiliano Postay

1/11/13

La Pampa, Habeas Corpus Correctivo Colectivo y Militancia Abolicionista


Pronunciamiento LTF N° 2: Adhesión a Habeas Corpus Correctivo Colectivo en beneficio de los presos de la provincia de La Pampa, encerrados en jaulas fuera de los límites de su provincia y a cientos de kilómetros de sus residencias y entornos familiares.   

 

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 30 de octubre de 2013

 

El espacio abolicionista del encierro y toda otra variante punitiva Locos, Tumberos y Faloperos (Espacio LTF) a través del presente comunicado manifiesta su pública adhesión a la iniciativa de la Defensoría General de la Provincia de La Pampa de cuestionar abiertamente a través de un habeas corpus correctivo colectivo (“Shena, Roberto Emanuel y otros”, causa N° 9221/2) la situación de los detenidos juzgados por tribunales ordinarios pampeanos alojados en dependencias del Servicio Penitenciario Federal localizadas en otras provincias, a cientos de kilómetros de sus lugares de residencia al momento de consumarse el hecho que oportunamente motivó la detención y de sus entornos familiares más próximos.

La acción judicial, impulsada personalmente por el Defensor General de la Provincia de La Pampa Eduardo Luis Aguirre y el Defensor Oficial de Ejecución Penal de esa provincia Alejandro Javier Osio, no hace más que dar visibilidad a una situación angustiante e inaceptable que lamentablemente no sólo viven los presos pampeanos sino buena parte de los detenidos del país.

No conformes con la exclusión que en sí mismo representa el encierro carcelario, el sistema dominante facilita la consumación de agravantes sumamente perversos, inaceptables incluso de acuerdo a los parámetros elementales del hoy vigente Estado de Derecho.   

Los “delincuentes” tratados una y otra vez como “personas de segunda” no sólo parecerían merecer las atrocidades de “la jaula” y sus más que obvias consecuencias nocivas, sino también que sus familiares no tengan ni la más remota posibilidad de acercarse hasta sus celdas para intercambiar, cuanto menos, algunas palabras.

Hipocresía en su máxima expresión. El mismo sistema que permite estas variables, reza en su normativa vigente que la finalidad de la pena privativa de la libertad ambulatoria es la “reinserción social”.

Lamentamos decirlo con este énfasis, pero dichas contradicciones, a veces no son tales, sino por el contrario, constituyen la lógica medular del sistema penal pasado, presente y futuro, desde su génesis moderna allá por el año 1215 hasta nuestros días. Mal que nos pese, en materia represiva, la exclusión es ni más ni menos que una “política pública”.

No obstante lo dicho, lo urgente no desmerece lo importante ni viceversa. Más allá de sostener públicamente una postura “abolicionista penal” que como tal plantea como primordial necesidad la construcción de prácticas de resolución y/o regulación de conflictos sociales superadoras del encierro y con una matriz claramente no punitiva, creemos obligatorio y sumamente necesario acompañar activamente este tipo de reivindicaciones particulares. Nuestra militancia política así lo ratifica.

Mientras el encierro exista, que exista de la manera menos cruel. Sin descuidar el objetivo de fondo, pero conscientes de que del otro lado de la reja, hay seres humanos sufriendo. Aquella revolución o transformación radical que pierda de vista el eje de “lo humano” estará condenada a sembrar barricadas en aulas oscuras, libros rimbombantes o títulos académicos en la pared, pero jamás a incidir con contundencia en ese complejo macroclima que habitualmente llamamos “realidad”.

Luchar por la dignidad de los compañeros privados de su libertad y sus familiares, mientras construimos un cambio de paradigma cultural que tenga como propósito que la miseria del encierro y la cultura del castigo desaparezcan de la faz de la tierra, es también, al menos para nosotros, una práctica abolicionista penal.  

 

 

3/10/13

Hacia un "CONTRA-CONGRESO" de "NO DERECHO PENAL"



PRONUNCIAMIENTO LTF N° 1: Repudio al Congreso de Derecho Penal 2013 de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y Convocatoria a un “Contra-Congreso” de “no derecho penal"  

 

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 3 de octubre de 2013

 

El espacio abolicionista del encierro y toda otra variante punitiva Locos, Tumberos y Faloperos (Espacio LTF) a través del presente comunicado manifiesta su total rechazo por la organización, estructuración, sistematización y contenido del Congreso de Derecho Penal celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, entre los días 25 y 27 de septiembre del corriente año.

Con suma preocupación advertimos que “la academia” vinculada a la “cuestión criminal”, incluso aquellos sectores que por su trayectoria y pensamiento podrían definirse como “progresistas”, persiste en esa vieja costumbre de darle la espalda a las problemáticas sociales de fondo.

El derecho penal está en crisis, su funcionamiento plagado de perversiones estructurales demostró a lo largo de toda su historia una irrefutable inoperancia a la hora de pretender regular y/o solucionar satisfactoriamente los conflictos sociales. Su legitimidad carece de sustento. Mientras gracias a sus vericuetos y aparentes bondades persistan instrumentos tan nefastos como la cárcel, su exaltación como límite del “poder punitivo” es claramente insuficiente. Derecho penal y poder punitivo son apenas dos caras de la misma moneda, quien pretenda afirmar lo contrario asigna al derecho penal funciones “benignas” que claramente no tiene.

En este contexto y atento a lo antedicho dedicar un congreso de derecho penal a hablar exclusivamente de derecho penal, sin asumir –ni siquiera- someramente la posibilidad de construir prácticas superadoras, no represivas y palmariamente más eficaces que éste, nos parece un acto autista, conservador e irresponsable por definición.

Dicho en otros términos: si realmente nos preocupa regular y/o resolver conflictos sociales el derecho penal debe necesariamente ser abordado por fuera del derecho penal. En caso contrario, voluntaria o involuntariamente, no haremos otra cosa que legitimar siglos de explotación, disciplinamiento, exclusión, estigmatización y barbarie y por supuesto -insistimos con lo mismo- jamás resolver ni la más burda de las controversias cotidianas.  

Basta de eufemismos y tibiezas. El derecho penal mata. El derecho penal legaliza la tortura. El derecho penal destruye todo ámbito de posible reparación de los daños ocasionados por alguno o algunos de los protagonistas del eventual conflicto. El derecho penal reproduce verdades para pocos. El derecho penal protege a esos pocos, silencia a las mayorías y en nombre de la “justicia” reverencia idílicamente al statu quo.

Hablar de “culpabilidad y neurociencias”, de cuestiones concursales, de “delitos impropios”, hablar de aspectos meramente dogmáticos o hablar de la democratización de la justicia incluyendo en este “slogan” algo tan paradigmáticamente antidemocrático como el derecho penal y, por el contrario, no dedicar ni una palabra a la mediación comunitaria, a la justicia restaurativa o a la imaginación no punitiva y/o al abolicionismo penal al que fervientemente adherimos, no tiene porqué ser aceptado con tanta pasividad y condescendencia, ni por nosotros ni por nadie que se defina a sí mismo como medianamente crítico.

Desde el Espacio LTF creemos en la Universidad Pública como un ámbito idóneo para el permanente cuestionamiento de lo “constituido” y no como una fuente de reafirmación compulsiva de que nada puede ser modificado o de que estamos condenados a vivir con lo que existe.

Nos preocupa que los estudiantes en forma masiva hayan sido cómplices de semejante evento, que las estructuras se mantengan inalterables, que pocos levanten la mano con bronca o se indignen por escuchar siempre los mismos discursos, que la solemnidad siga siendo protagonista, que la asimetría asuma el control de hablantes y oyentes, que el diálogo brille por su ausencia, que los salones huelan a limpio, a nada, a fórmula matemática.  Y que además la farsa sea tarifada. Que se cobre por asistir al circo y que se pague y se celebre cada uno de los movimientos ensayados con un aplauso lleno de silencio, “opio popular” y resignación.

Invitamos a todos aquellos que compartan nuestra posición a organizar, promover y participar de un “contra-congreso” de “no derecho penal” en el día y horario que conjuntamente fijemos a esos fines,  despojados  de todo oscurantismo académico. Libres. Creativos. En plazas públicas, en la calle, sin trajes, sin corbatas. Escuchando la voz de los presos y sus familiares, de las organizaciones de base, de los militantes y no meras conferencias de profesionales del derecho o juristas “consagrados”. Es momento de revolucionar el universo de la “cuestión criminal” exaltando desde lo político- conceptual posiciones tales como el referido abolicionismo penal, pero también desde lo epistemológico, rompiendo la siniestra sacralidad en la que tristemente está inmersa la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y la mayoría de los docentes, autoridades y estudiantes que por allí pasan.   

CRONOGRAMA del CONGRESO de DERECHO PENAL. UBA 2013:


 

22/8/13

La última ficha

La fuga de los 13 presos de Ezeiza, las militancias parciales y el abolicionismo penal



Todos los caminos conducen a Roma. O mejor dicho, a plantear la necesidad de militar fuertemente por la desaparición de la cárcel. Ya no es suficiente pretender “mejorar” la institución, pintar sus paredes o luchar únicamente por reivindicar algún que otro derecho individual de las personas privadas de su libertad. No hay lugar para tibiezas, vacilaciones ni posiciones a mitad de camino entre la crítica enérgica y la legitimación manifiesta. Pretender “mejorar” la cárcel sería (y es) ingenuo de nuestra parte. Un suicidio táctico. Una praxis activista destinada a fracasar. No hay margen alguno para mejorar algo naturalmente concebido para destruir, excluir, apartar, someter y torturar a hombres y mujeres de carne y hueso. Seamos contundentes. A algo semejante sólo se lo combate eficazmente propugnando su abolición.

Lo sucedido en Ezeiza no hace más que corroborar y reafirmar mi postura. Más allá de coberturas mediáticas hilarantes con cierto tono hollywoodense y escaso rigor conceptual, el panorama es harto elocuente y, como dirían las abuelas, “para muestra basta un botón”.

Si los 13 presos de la “película” se fugaron heroicamente y sin ayuda de nadie, sería 100% hipócrita cuestionar su accionar. Pongámonos por un instante en la piel de un ser humano encerrado, rodeado de resentimiento, rencor y opresión sistemática. ¿Tendríamos a nuestra disposición alguna opción más seductora que el escape? Intuyo que no. Alguna vez un profesor de criminología me dijo: “El primer y único derecho que tiene un preso, es el derecho a la fuga”. Suscribo las palabras de aquel viejo maestro y continúo mi análisis recordando alguna que otra caminata por los pabellones del Complejo Penitenciario N° 1. Como docente de “Derechos Humanos y Garantías”, en el marco del Programa UBA XXII, confieso tuve –y en más de una ocasión- un deseo casi incontrolable. Dinamitar los muros y continuar la cursada en un plaza a cielo abierto supo transformarse en uno de mis pensamientos más excitantes.  

Si por el contrario, la hipótesis del heroísmo se desvanece y empezamos a hablar, sin más, de connivencia interna, más a mi favor. ¿Acaso creían que iban a poder cambiar algo (o al menos intentarlo) sin pagar las consecuencias? ¿Hay algo más antidemocrático que una cárcel? ¿Existe zona liberada más proclive a la corrupción y el negocio espurio que una prisión? No, no y no. Está todo demasiado contaminado. E insisto. No hay descontaminación posible. La cárcel es contaminación. La cárcel es esto. No otra cosa.

La suerte ya está echada. Compañeros de adentro y afuera, el Servicio Penitenciario no permite filtraciones.  O lo atacamos a fondo o nos comen las rodillas. O tenemos un norte claro, hacia la abolición de semejante barbarie, o seguimos siendo cómplices involuntarios de algo que seguramente en algunos años habrá de avergonzarnos como sociedad.

Desmilitarización del SPF y los Servicios Penitenciarios Provinciales YA. Conmutación de penas en beneficio de los sectores más vulnerables de la población penitenciaria YA. Prohibición de construcción de nuevas unidades penitenciarias YA. Instalación a gran escala de mecanismos de resolución alternativa de conflictos YA. Planes intersectoriales de inclusión social postpenitenciaria YA. Empecemos por ahí y después vayamos viendo…

Menos encierro y más inclusión social. Menos mano dura, tolerancia cero y respuestas demagógicas redactadas por asesores robóticos y más imaginación no punitiva. El abolicionismo penal pide pista. Ojalá sepamos nutrirnos de su potencia transformadora. Ojalá las organizaciones sociales, políticas, gubernamentales o no, vinculadas de algún modo a la militancia en contextos de encierro, asuman cuanto antes esta “bandera” con vehemencia y obstinación. Si realmente queremos cambiar el curso actual de los acontecimientos en la materia que aquí nos ocupa, quizás esta sea nuestra última ficha.
 
Maximiliano Postay

 

 

 

13/8/13

EL DOCUMENTAL, donde no podía dejar de estar.



"Rejas, suspiros y llaves", entero, sin cortes, sin restricciones, sin censuras. 70 minutos de pura imaginación no punitiva y compromiso militante.
 
Iñaki Anitua baja conceptos históricos y contextualiza el fenómeno carcelario, siendo -para mí gusto- la persona que más conocimientos criminológicos tiene en la República Argentina.

Gastón Bosio mete pausa antropológica y aporta su experiencia recorriendo las cárceles del país y de Europa. Su formación académica en Argentina, Barcelona, París y la India asegura amplitud y profundización sistemática. 

Azucena Racosta tira frases que te dejan pensando dos años, pocas personas en la Argentina han caminado las cárceles más que ella, su agrupación La Cantora es una de las pocas organizaciones que se auto-define como abolicionista en el país.

Oscar Castelnovo le aporta fibra, garra, combate y efervescencia a la película. "La dictadura nunca se fue de las cárceles argentinas", nos dice en un fragmento, denunciando una realidad que día a día visibiliza -como pocos- a través de la Agencia Rodolfo Walsh.

La Galle aporta corazón, recorrido, calle. Estuvo en Carandiru y en Ezeiza. Militó contra todas y cada una de las estructuras represivas que se les ocurran. Hoy lo sigue haciendo solidarizándose con sus compañeras y compañeros a través del Proyecto Aquelarre.

Cacho Rodríguez "se come la película" y como no podía ser de otra manera "la cierra". Formado en el mítico Centro Universitario de Devoto, aporta teoría sociológica, encierro en carne viva por más de veinte años y "optimismo por necesidad vital" (un combo explosivo).

Mario Juliano, representa toda una rareza. Es juez en lo criminal y se auto-define como abolicionista. Aunque pueda sonar contradictorio su labor política y militante desde la Asociación Pensamiento Penal demuestra que ambas facetas pueden convivir tranquilamente. Su presencia en este proceso es imprescindible.

Como co-realizador (junto con el gran Ezequiel Altamirano), no pude dejar de dar la cara. Sentí la necesidad de ponerle el cuerpo a la batalla y, sin más, me planté frente a la cámara. Quise participar y no me arrepiento de haberlo hecho. Integrar este grupo de ocho entrevistados es para mí, un orgullo del que difícilmente voy a olvidarme. Tenemos al Barcelona F.C. del abolicionismo penal. Insisto. Vale la pena, sentarse y escuchar con atención. Quizás queda mal que lo diga yo. Pero lo digo. Qué pedazo de documental que nos mandamos!! jaja!!!
 
Finalmente, el aporte del Grupo Salvatablas y Sebastián Carrera es impresionante. La cuota de humor, ironía, sarcasmo y expresión artística que no puede faltar en ninguna herramienta de estas características la aportaron ellos. Soberbia actuación y un mensaje clarísimo: la cárcel es un negocio que le conviene a muchos. El abolicionismo penal tiene que ser consciente de esto y multiplicar su templanza, resistencia e inteligencia en la lucha. La tenemos difícil, pero no imposible.
 
Sin Ezequiel Altamirano y Andrea Aguilar, esto no hubiera sido absolutamente nada. Las cámaras, los equipos de edición y los detalles técnicos de la post-producción corren por su cuenta. La sensibilidad estética, el vuelo y la capacidad de diálogo y construcción permanente, también. Aguante OJOTA CON MEDIA.
 
Jamás pensé que ese primer encuentro con Ezequiel en el Imperio de la Pizza de Chacarita iba a terminar de esta manera. El poder de la cerveza y la muzzarella es gigante!!!!

Ahora sí. Los dejo con nuestra película. La primera de muchas. Espero puedan disfrutarla.

Maximiliano Postay
 


 

22/6/13

Números que marcan el camino


Las estadísticas penitenciarias como referencia ineludible para una práctica abolicionista penal inmediata y materialmente posible (Nota publicada en INFOJUS NOTICIAS, el 22 de junio de 2013)

No siempre los números dicen poco. Si analizamos los datos estadísticos que las propias instituciones oficiales vinculadas a la "cuestión carcelaria" (Ministerio de Justicia de la Nación y/o Procuración Penitenciaria de la Nación) ponen a disposición de la opinión pública en sus respectivos portales habremos de corroborarlo.
Querido lector: si como yo, usted cree que el sistema penal, la cárcel y toda su inhumanidad, perversidad y salvajismo debe desaparecer, si no le entra en su cabeza que en pleno siglo XXI sigan existiendo jaulas para seres humanos, si aspira a una solución no traumática de los conflictos sociales y verifica que el sistema penal vigente no sólo no resuelve los conflictos que aborda sino que los agrava, potencia y multiplica, pero a su vez no es ingenuo, romántico ni idealista y asume que la materialización de tal aspiración requiere un proceso político, cultural y social paulatino y/o progresivo, a prestar especial atención a ese conjunto tan particular que va del “0” al “9” y que infinitas combinaciones pone a nuestra alcance. Quizás la respuesta al gran interrogante que día a día nos hacemos aquellos que apostamos explícitamente por la reivindicación del paradigma no punitivo (¿cómo y por dónde empezar a transitar en términos prácticos el camino del abolicionismo penal?) aparezca ni más ni menos que en su terreno.
 
La cantidad total de presos y presas en la Argentina oscila entre 61 mil y 65 mil personas, según contemos o no a los privados de su libertad alojados en establecimientos que técnicamente hablando no llegan a ser catalogados como “cárceles”, por ejemplo las comisarías. De ese universo poblacional al momento de consumada la detención un 83 % no terminó la secundaria, un 75 % se encontraba desocupado o apenas realizando trabajos a tiempo parcial y un casi 70 % no había cumplido 35 años de edad. Es difícil definir con precisión cuántos de ellos vivían en la indigencia, cuántos cubrían sus necesidades básicas con esfuerzo o cuántos apenas llegaban con cierto margen a fin de mes. Lo cierto es que más allá de las sutiles diferencias enunciadas, más del 95 % de la población carcelaria pertenece a los sectores más vulnerables de la sociedad o dicho en otros términos: la cárcel está repleta de gente pobre.

¿Y esto por qué? Salvo que admiremos a Cesare Lombroso, Enrico Ferri, Rafaelle Garofallo y las teorías decimonónicas que nos hablan de la innata tendencia al “delito” de ciertas personas por sus rasgos físicos, su perfil psicológico o contexto social, no tenemos más que denunciar el perverso funcionamiento selectivo del sistema penal.

A la cárcel no llegan todos los que cometen “delitos” sino solo aquellos que el sistema penal a través de cada una de sus agencias señala como merecedores de semejante castigo. Enemigos del statu quo, seres sobrantes o entes desagradables que cual “chivos expiatorios” de alguna u otra manera justifican, sin más, la puesta en marcha de la maquinaria represiva del Estado. Sin seres “peligrosos” a los cuales perseguir el “negocio” de la persecución carecería de sentido. Tan sencillo como eso.


En línea con lo antedicho continuemos con el análisis numerológico y -como quien no quiere la cosa- aprovechemos la ocasión para derrumbar algún que otro mito. Dice Doña Rosa: “En Argentina dejan entrar a cualquiera. Lo peor de todos los países de Sudamérica viene a parar a nuestro país. Estoy cansada de no poder caminar tranquila por la calle por culpa de estos peruanos/bolivianos/paraguayos de mierda”. Doña Rosa puede sentir y pensar lo que quiera, pero su posición es infundada. No obstante la notable vulnerabilidad de estos sectores y no obstante también contar con todos los “rasgos estereotípicos” que el sistema penal  pretende para sus clientes, los extranjeros en la cárceles argentinas son menos del 5 %, de los cuales sólo una mínima porción está privado de su libertad por haber cometido un “delito” de los habitualmente considerados graves. La mayoría está donde está a causa de la comisión de alguna infracción contra la propiedad privada o por haber sido utilizado como “mula” por algún discípulo del discípulo del discípulo de algún magnate del narcotráfico internacional. Magnate que, por otra parte, muy difícilmente engalane alguna vez los pabellones carcelarios con su presencia física. 


A propósito de esto, resulta pertinente preguntarse, ya en términos generales, qué motivó en cada caso la privación de la libertad de cada preso. A esta altura la respuesta no debería sorprendernos. En la cárcel abundan “delincuentes” contra la propiedad privada o emparentados a la ley nacional de drogas: tenedores, transas de barrio, micro-traficantes o las mencionadas “mulitas”. Entre el 65 y el 70 % de la población carcelaria (aproximadamente 45 mil de 65 mil) cometió este tipo de conductas. En las cárceles no están los monstruos que Hollywood o buena parte de los medios masivos de comunicación se empeñan en representar, sino todo lo contrario. La cárcel, al igual que lo que ocurre con los pobres, también está llena de “perejiles”.

Otro fenómeno preocupante es el de los presos encerrados sin condena y en virtud de esto técnicamente inocentes. Según datos oficiales el 51 % de la población carcelaria se encuentra en situación de “prisión preventiva”. Más allá de lo abultado del número citado, vale la pena aclarar que si no fuera por el controvertido y repudiable instituto del “juicio abreviado” (suerte de despareja negociación entre el fiscal y el propio acusado que agiliza el trámite judicial a costa de sacrificar todas y cada una de las garantías que el debido proceso impone como obligatorias) la cifra todavía sería mayor y rondaría el 60 %.

Finalmente el último indicador al que haré referencia, es el emparentado a los presos que están encerrados como mínimo por segunda vez. Los niveles de reincidencia son altísimos. Casi la mitad de la población se encuentra en esa situación, destacándose los casos de las personas que en su adolescencia también estuvieron alojadas en Institutos de Menores. La inclusión social post-penitenciaria no existe. El Estado poco hace por la persona que alguna vez estuvo tras las rejas una vez que ésta recuperó su libertad e incluso promueve/permite/alienta escenarios tan incoherentes, contradictorios e irritantes como presentar en el seno de su ordenamiento jurídico normas que por un lado impulsan la “reinserción social del reo” y por el otro la dificultan en forma manifiesta con institutos tales como el “Certificado de Antecedentes Penales”, obstáculo muchas veces insalvable a los fines de, por ejemplo, encontrar un trabajo digno en el medio abierto.

Si logramos reducir al máximo la prisión preventiva, utilizándola excepcionalmente y no como regla, tal cual lo imponen los tratados internacionales de derechos humanos; si trabajamos intersectorialmente para que una persona de regreso al mundo libre luego de algunas temporadas en la cárcel pueda trabajar, estudiar y vivir en comunidad sin estigmas ni dificultades extras (proponiendo por ejemplo la eliminación del citado "Certificado de Antecdedentes Penales"); si descriminalizamos los “delitos” en los cuales el bien jurídico dañado es la propiedad privada o algún objeto material, generando mecanismos comunitarios y/o institucionales que den lugar a una eventual compensación del padecimiento ocasionado o trasladando a la órbita civil lo que actualmente se dirime en el fuero penal; si de una vez por todas nos decidimos a legalizar las drogas; y si finalmente tomamos consciencia de que buena parte de los conflictos sociales que hoy dan sustancia a la población penitenciaría podrían evitarse con políticas serias de desarrollo social, educación, cultura y trabajo, y bajo ningún punto de vista desde meros “maquillajes” represivos (demagógicos, facilistas y anti-humanos por definición) el panorama de cara a un futuro sin cárceles y sin sistema penal sería bastante más llano y lo que hoy resulta harto distante estaría muchísimo más cerca de hacerse realidad.

Dicho numerológicamente, en vez de tener 65 mil presos tendríamos apenas unos cuantos miles (o quizás cientos), y lo que es todavía mejor, habremos logrado demostrar la potencialidad social del paradigma no punitivo, no sólo en beneficio de las víctimas directas del aparato represivo (los presos), sino del resto de la comunidad, generando nuevos “estados de situación” o “medios ambientes” claramente motivadores de cara al abordaje también no punitivo de los conflictos remanentes, aquellos que por sus características propias y especial gravedad no forman parte en forma expresa de esta suerte de “etapa inicial” que en clave abolicionista se pretende comenzar a transitar.
Maximiliano Postay
 
 
 

 



 

17/6/13

Pobre diablo

Contribución, experiencia, testimonio. Aporte para Locos, Tumberos y Faloperos del compañero Santiago Scotellaro. Lectura recomendada.
 
Mi vida era una mierda. Más bien es una mierda. La tiranía de las agujas se desplegaba de forma tal que daban exactamente las 4.00 AM. Esto es claro: mi día comenzaba a la hora de los pobres diablos; ahí donde ni siquiera el sol se animaba a asomar sus tentáculos, esa hora en donde la opulencia duerme y a su vez se oculta de la fealdad. Sólo yo y mis iguales emprendíamos el éxodo a la exclavitud así, de esa manera tan particular, tan huerfana de todo, tan solitaria y hundida en el barro del desprecio.
Apagué el puto reloj de una cachetada digna de un experto en artes marciales: di justo en el blanco de manera suave y precisa; pero colmada de odio, desde ya. Mi mujer embrutecía a cada ronquido. Se la veía relajada -quizá borracha- pero con aspecto a muerte. Era una pobre diabla más, tenía una visión de futuro semejante al de las cucarachas: ningún día era garantía de nada; en cualquier instante podía asomarse la bota del amo y aplastarla junto con nosotros y convertirnos en verdadera mierda tangible. Digo nosotros porque se suman a este zoológico de ratas desnutridas mis dos hijos. La mujer (¿mujer? ¿acaso algún hijo de puta ha osado en tocar a mi angelito? ¡ah, qué vida tan miserable!) se llama Sofia y el varón Arturo. Ella tiene unos 17 años cargados de estiercol pero los lleva adelante como una Juana De Arco. Su cualidad más relevante y -sobre todo- notoria, es que es bastante puta. Trato de no pensar en ello porque juro que dejaría la garrafa prendida y acabaría de una buena vez con esta comedia. Pero bueno, nunca fui egoísta y por eso mismo dejo que todo siga, aún sabiendo que el destino de todos nosotros, los pobres diablos, está digitado. Puede parecer cruel, pero, ¡mi vida es la más absoluta crueldad! Y luego esta él, es acreedor de 21 años de vida. Bah, vida; una porquería como la existencia de la hermana. A esto hay que añadirle que Arturo desde los 15 años se quiere morir; no deja de emborracharse ni de meterse drogas duras desde esa edad. Todavía no lo consigue; quizá lo logre antes yo.
 
 
 
A las 4.30 AM ya estaba en la estación de ferrocarriles festejando haber llegado sin despertar a ninguno de los míos. A esas horas de la madrugada si llegaba a cruzar alguna palabra con alguno de ellos era muy probable que cambiase mi virtual plan de la garrafa por algo más certero y efectivo, como el martillo que utilizo para derribar muros.
Siempre era lo mismo, pero a medida que pasaban los años se hacía todo más insoportable, más denso y apestoso. La rutina de viajar hacia la nada todos los días de mi vida me había convertido en un ser despreciable, una absoluta escoria, unmonstruo moral. Nada podía salvarme más del espectáculo de mi crusificción que unas líneas de cocaína de la peor calidad imaginable. Era lo que había. Y no tenía pretensiones de nada. La palabra esperanza había sido desterrada de mi podrido vocabulario por una mucho más implacable y verdadera: desesperación.
 
La droga enceguecía mis pupilas y relajaba mis demonios para no asesinar a mi jefe.
-Buen día señor -dije secamente ocultando todo mi pasado en mi laringe.
-¿Buen día? Llega 15 minutos tarde y pretende un "buen dia" -escupió el hijo de puta-, ¡ja! si son todos iguales; nunca cuidan su trabajo, no tienen disciplina, ¡son todos unos vagos!. Mire, yo le voy a contar. Cuando mi padre vino de Italia a esta tierra de mierda...
-Ya basta señor, disculpemé ¡sólo quiero ir a mi puesto de trabajo que queda mucho por hacer! -interrumpí con calma y con furia contenida.
El ambiente se había vuelto tenso. Yo sabía que no soportaría otra humillación más; mi cuerpo tenía ganas de estallar sobre la humanidad de ese viejo hijo de puta.
-¡No ve! Pretende hacer callar a su jefe; jajaja. Yo le voy a enseñar, pedazo de basura mestiza, híbrido de sangre putrefacta. Tenía razón Sarmiento cuando...
Las cosas se dieron así. Puedo jurarles que no quise, pero mi cuerpo cobró autonomía. Le hundí un destornillador que llevaba en mi bolsillo en medio de sus ojos. Casi que se asemejaba a un asesinato estéticamente perfecto. Había que verlo al viejo con mi herramienta clavada en su entreceja. Lo había matado a mi modo, con mi originalidad. El destornillador firmaba el crimen como: "lo ha matado un salvaje"
 
 
Regresaba a casa pensando que había renunciado a ese empleo de mierda de una manera poco usual, exquisita. Producir esa muerte me liberó, me mostró el camino de la resurreción. Mi comienzo estaba en poner fin. En acabarlos y acabarme. Sentí pánico, me temblaban las falanges de los dedos y los dientes. Compré una botella de Ginebra; tomé más cocaína y me dirigí a mi lugar, a mi tan vomitivo lugar. Al llegar a casa, todos tendrían una nueva oportunidad.
Eran las 9.16 de la mañana y aún los tres pobres diablos, mis tres pobres diablos, seguían durmiendo. Toda la casa estaba calma. Pude contemplar la armonía del estar dormido. En ese estado del alma no había mundo, reglas, ni siquiera moral. Todas las penurias de nuestras vidas, todas las muertes y crímenes eran piedras arrojadas en un desierto: nada. Decidí por fin hacerlo. Y lo hice por ellos. Sólo que me pareció adecuado seguir con el método anterior, el orginal. La garrafa era algo absolutamente impersonal y denotaba una democracia afeminada. Tomé tres de mis destornilladores y empecé por la más vieja, para luego continuar con mis angelitos. Hubo gritos, desde ya; pero era la liberación en su máxima expresión, eran los aullidos de la nueva vida, de la esperanza.
 
Tuve un sólo inconveniente: cuando los tres tenían cada uno su señal clavada y yacían en el sueño eterno, no encontré a nadie que haga lo mismo conmigo. Tuve miedo, no pude hacérmelo yo solo, por mi cuenta. Y ahora me encuentro sumergido en el fuego eterno. Soy un condenado de la tierra. La libertad de los mios la pagué con cadenas en mi corazón. No pude. No puedo. Soy un pobre diablo; ésa es mi existencia, este es mi destino.
Unidad Carcelaria Nro. 1 de Olmos. Otoño del 2001
 
 
 
 

3/6/13

Acto en Reconocimiento del Abolicionismo Penal

En lo que sin lugar a dudas representa un hecho inédito, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el próximo miércoles 5 de junio a las 19 hs., realizará un acto formal a través del cual declarará de "interés para la promoción y protección de los derechos humanos" al libro "El abolicionismo penal en América Latina. Imaginación no punitiva y militancia" (Editores del Puerto, Buenos Aires, Argentina, 2012).
 
La obra, compilada por Maximiliano Postay, cuenta con la participación especial de Raúl Zaffaroni, Iñaki Anitua, Edson Passetti, María Lucía Karam, Matías Bailone, Damián Zaitch, Claudio Martyniuk, Florencia Pérez Lalli, Ximena Martel, Mauro Lopardo, Pablo Rovatti, Mario Juliano, Eleonora Devoto, Alejandro Forero Cuellar, Keymer Avila y Claudio Guimaraes.
 
En tiempos en que a la inseguridad y a la problemática del "delito" y la violencia desde los sectores más diversos de la sociedad se le da respuesta con mano dura, inflación penal o tolerancia cero, resulta un antecedente más que saludable la materialización de iniciativas de estas características.
 
Aquellos interesados en participar del evento, no tienen más que acercarse. ENTRADA LIBRE Y GRATUITA.



 

21/5/13

REJAS, SUSPIROS Y LLAVES. ESTRENO.


Finalmente llegó el día. Estreno mundial del 1° documental abolicionista penal de la historia de América Latina. "Rejas, suspiros y llaves", co-producido por  nosotros y la productora OJOTA CON MEDIA, conducida por Ezequiel Altamirano y Andrea Aguilar. 
Con las actuaciones estelares de Iñaki Anitua, Gaston Bosio,
 Mario Juliano, Maximiliano Postay, La Galle, Oscar Castelnovo de la Agencia Walsh, Azucena Racosta de La Cantora, Cacho Rodríguez y Sebastián Carrera y todo el elenco de Salvatablas. 

70 minutos de pura teoría, praxis y militancia no punitiva. Imposible perderselo. Primero estaremos en Villa Mercedes (San Luis) -tierra de Ezequiel y Andrea- y pocos días más tarde en Buenos Aires y posiblemente en otros puntos del país.
Acá van el afiche de la actividad y, para los que todavía no lo vieron, el link del avance del largometraje.